martes, 26 de abril de 2016

La sociedad creadora de empleo para todos


La grave situación actual
Para afrontar los problemas, las sociedades y los Gobiernos deben afrontar la realidad por difícil que sea.

Hay que tener la valentía de admitir que buena parte de la actividad industrial española, tal y como funciona en la actualidad está condenada a desaparecer  en muy poco tiempo.

No digo que no haya que tratar de salvar los empleos existentes. Pero también digo que es mucho más útil dedicarlos a planes de transformación radical de la actividad económica.

Hay que reconvertir a los trabajadores que se encuentran en sectores obsoletos y, sin que pierdan sus ingresos, debemos aumentar su nivel de educación ya que  no son responsables del cierre de sus empresas.

Si para algo debe servir la Unión Europea es para resolver estos dos tipos de problemas:

- Reconvertir mediante una formación adecuada a los trabajadores que saldrán de la Industria, Construcción y Servicios por la caída de la competencia en sectores que la mundialización ha dejado obsoletos.

- Facilitar la entrada de los jóvenes en el nuevo sistema productivo que tenemos que crear a nivel europeo.

Y debe hacerlo poniendo a disposición de los países europeos unos Fondos Comunitarios para el  Nuevo Empleo, que habrá  que crear y destinar a todos los países, pero especialmente a aquellos en los que el desempleo presenta su peor cara, cual es el caso de España.

España en ningún caso puede ser considerada un laboratorio de pruebas para crear empleo,  como ha insinuado el Presidente de Gobierno con su típica y desagradable frivolidad.


La sociedad polen


El economista Moulier-Bountang considera que debemos tomar en consideración lo que realiza la abeja en la naturaleza. Cuando pensamos en el trabajo que desempeña una abeja, rápidamente dibujamos en nuestra mente la imagen de un panal relleno de miel. Pero la labor más importante no es su producción de miel, sino su capacidad innata de polinizar, que las hace imprescindibles para la vida del planeta.

Esta capacidad constituye el eslabón fundamental de la reproducción de los vegetales, hasta el punto de que se está buscando su reintroducción sistemática en todas las grandes metrópolis, compensando su exterminio por abonos e insecticidas.

El valor de la actividad de polinización no tiene precio.

Los americanos que siempre nos suelen preceder en todo, han calculado que la producción de miel puede dar lugar a unas exportaciones por valor de 100 millones de dólares. Sin embargo, los daños que causaría la desaparición de las abejas, que polinizan el 80% de de la producción de legumbres y frutas norteamericanas, ascenderían a más de 30.000 millones de dólares.  

Para hacernos una idea a nivel europeo, el papel de la polinización de las abejas para su  agricultura impresiona por su magnitud: 100% en la polinización de los almendros, 90% en los manzanos, 50% en el melocotón, 20% en el algodón, etc.,etc

Si las abejas desaparecieran nuestra querida España parecería un desierto.


La mayoría de las actividades económicas se dan en la circulación y no en la producción o el consumo.


El valor de la abeja está en su circulación y no en su producción.

Lo mismo pasa en la economía actual. Las interacciones son el corazón de las actividades económicas.

La mayoría de los actos en la economía actual se produce durante la circulación y no en la producción o el consumo.

Cohn Bendit, nos da un ejemplo interesante. Lo que vale Google no son sus trabajadores o sus cientos de miles  de ordenadores sino los casi quince  millones de personas por segundo que utilizan sus servicios, desarrollando la red.

Y todavía mejor que este ejemplo,  el del software libre, en el que el beneficio y el producto están al servicio de la comunidad de internautas, que así disponen de un software de mayor calidad.

La actividad humana, como diría Morin, se desarrolla en una sociedad compleja que podríamos ver como una sociedad polinizadora, fruto de múltiples interacciones generadoras de riqueza.

Lo que podemos destacar de esta visión polinizadora de la economía es que parece un medio ideal para la concepción de ideas e innovaciones así como para la difusión de las mismas.

De aquí en adelante debemos considerar que lo verdaderamente importante para crear una economía de actividades nuevas es favorecer la polinización social y la inteligencia colectiva.

Ser inteligentes supone mejorar nuestra relación con la naturaleza, la biosfera y la producción material, para disminuir los daños que causamos, aunque suponga de momento renunciar a beneficios inmediatos.

La preocupación por la sociedad polen permite entender sus malfuncionamientos, y sobre todo cambiar en profundidad las herramientas  y objetivos de los que ejercen la acción pública.


Los nuevos campos de actuación  generarán nuevos empleos
Si los políticos han sido tan generosos a la hora de evitar el hundimiento de nuestras instituciones financieras, colocando a toda Europa en una situación enormemente complicada en cuanto a la magnitud de su Deuda, deberían por un momento pensar en dedicar parte de la recuperación de la misma a las  energías renovables, a la renovación de nuestras ciudades, a la modernización del Sector del Automóvil y la Industria de la Construcción, a la lucha contra el cambio climático, a transportes menos contaminantes y a cultivos que no envenenen ni suelos ni organismos vivos.

Y si no bastara con ello,  habría que pensar en dedicar una parte de nuestros impuestos directos e indirectos a esta gran transformación que incluiría un desarrollo importante del por así llamarlo sector del  conocimiento europeo.

Reconstruir totalmente nuestro aparato productivo es un objetivo mucho más importante que los que se fijaron por la Unión Europea en la Estrategia de Lisboa, que fijaba a todos los países miembros dedicar un 3% de su PIB a Investigación y Desarrollo. Ese 3% se antoja hoy irrisorio.

Llegar a un 10% del PIB para I+D parece un objetivo ambicioso pero necesario, manteniendo la Inversión actual media europea del 25% en educación y formación permanente.

Prácticamente solo lo cumplieron los objetivos de Lisboa, Finlandia, Suecia y Dinamarca, y les ha ido mejor que a los demás.


¿Cómo financiar esta gran transformación del Sistema Productivo europeo?
Si más importante que la miel es la actividad de polinización, los impuestos que creemos tendrán que basarse en gravar la circulación y no el consumo.

Curiosamente en Europa los Bancos y la Gran Distribución, sectores en los que la circulación aparece más clara, no pagan IVA en sus transacciones.

Parece evidente que lo ideal sería gravar todas las transacciones bancarias por insignificantes que parezcan.Casi con ellas sería suficiente. 

Esas ingentes cantidades recaudadas deberían destinarse en exclusiva al cambio del Sistema Productivo Europeo, a formar y reconvertir a nuestros desempleados y sobre todo a colocar a todos y cada uno de nuestros jóvenes, que teniendo menos de 25 años ya pueden ser considerados como desempleados de larga duración.

En los próximos días continuaré profundizando en la mundialización, ese terremoto del que todavía no se han recuperado nuestros gobernantes y en  los cambios que necesita el Sistema Productivo Europeo, y lógicamente el nuestro, uno de los menos competitivos de toda Europa, para que el desempleo no nos impida conciliar el sueño.